¿Qué es el estrés laboral y cómo nos afecta?
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Estrés positivo (Eustrés): Corresponde a un nivel de activación de corta duración e intensidad moderada. Actúa como un mecanismo adaptativo que moviliza energía, focaliza la atención y optimiza la capacidad de respuesta ante un desafío inmediato (como la entrega de un proyecto o una presentación oral). En este rango de estimulación, el individuo experimenta motivación, eficacia y compromiso. En otras palabras, el eustrés dura poco, nos ayuda a concentrarnos y saca lo mejor de nuestro rendimiento.
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Estrés nocivo (Distrés): Aparece cuando las exigencias sobrepasan de manera continuada los recursos de afrontamiento percibidos por la persona. Esta activación prolongada pierde su función adaptativa y se convierte en una fuente de desgaste y sufrimiento emocional. Es precisamente este estrés crónico el que deteriora la salud y la eficiencia profesional. Es decir, cuando la presión se prolonga en el tiempo y sentimos que no llegamos a todo, esta tensión constante deja de ser útil y empieza a pasarnos factura.
La curva del rendimiento laboral: La Ley de Yerkes-Dodson
La relación entre el nivel de exigencia y la eficacia laboral no es lineal; responde a la conocida en psicología como Ley de Yerkes-Dodson. Este principio demuestra que el rendimiento aumenta con la activación fisiológica y mental, pero solo hasta un punto óptimo.

Analizar este gráfico permite entender las tres fases por las que transita un trabajador según la intensidad de la presión recibida:
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Zona de subestimulación (Hipostrés): Ocurre cuando las exigencias son excesivamente bajas o monótonas. Un nivel insuficiente de activación genera aburrimiento, apatía y falta de implicación laboral.
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Zona de eustrés (Rendimiento óptimo): Es el punto donde el nivel de demanda se equilibra perfectamente con las habilidades del trabajador. Aquí la tensión actúa como un estímulo positivo que maximiza la creatividad, el foco y la productividad sin comprometer la salud.
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Zona de distrés (Colapso por agotamiento): Si la presión supera el umbral óptimo de forma continuada, el rendimiento no se mantiene: cae en picado. La persona pasa de la motivación al agotamiento, entrando en una fase de desorganización cognitiva donde comete más errores, tarda más tiempo en completar tareas sencillas y experimenta una acusada fatiga mental.
Principales modelos psicológicos para entender el estrés laboral
El Modelo Transaccional de Estrés (Lazarus y Folkman)
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Evaluación Primaria: El sujeto analiza la situación del entorno laboral para determinar si representa una amenaza, un desafío o un riesgo para su bienestar.
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Evaluación Secundaria: La persona evalúa los recursos personales, sociales y materiales con los que cuenta para hacer frente a dicha demanda.
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Resultado: El estrés sobreviene cuando la diferencia percibida entre la exigencia externa y la capacidad de respuesta interna resulta desproporcionada o inasumible.
El Modelo de Demandas y Recursos Laborales (JD-R Model de Bakker y Demerouti)
Explica que cualquier puesto de trabajo, independientemente del sector o la categoría profesional, se compone de dos variables en constante equilibrio:
- Demandas laborales (lo que el trabajo te exige): Son los aspectos del puesto que requieren un esfuerzo mental, físico o emocional continuado.
- Recursos laborales (lo que el trabajo te ofrece para responder): Son todos los factores organizativos, sociales o personales que te ayudan a hacer frente a esas exigencias.
De acuerdo a este modelo, el estrés no aparece por tener mucho trabajo; surge cuando se quiebra la balanza. Cuando las demandas son altas de forma prolongada y los recursos para afrontarlas son escasos. Es ahí, cuando se activa un proceso de deterioro de la salud.
El Modelo de Exigencia-Control-Apoyo (Karasek y Theorell)
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Mucha carga de trabajo: Gran volumen de tareas y alta velocidad de ejecución.
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Muy poco margen de decisión sobre cómo organizarlo: Escasa autonomía y limitada posibilidad de aplicar habilidades personales.
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Bajo apoyo social: Falta de respaldo por parte de compañeros o superiores.
Desencadenantes de estrés en el entorno laboral
Las causas que generan estrés en el trabajo rara vez obedecen a un único factor. Generalmente son el resultado de una interacción entre la persona, la organización de la empresa, la cultura de liderazgo y las dinámicas de equipo. Identificar el origen del malestar es el primer paso para poder intervenir con rigor clínico y eficacia.
A continuación, analizamos en profundidad los factores de riesgo psicosocial más frecuentes en el ámbito laboral y las situaciones cotidianas en las que se manifiestan:
1. Sobrecarga de trabajo y gestión de plazos
Ocurre cuando el volumen de tareas o la velocidad exigida superan con creces la capacidad operativa del trabajador. La presión por entregas inalcanzables sumerge al organismo en un estado de activación fisiológica constante, impidiendo alcanzar el descanso necesario fuera del horario de trabajo.
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Ejemplos cotidianos: Un diseñador a quien se le exige rehacer una campaña completa dos horas antes de la reunión con el cliente; o asumir la redacción de diez informes complejos en una sola jornada sin contar con la formación ni el software adecuado.
2. Falta de control y autonomía
La limitación para organizar el propio tiempo, elegir la metodología de trabajo o tomar decisiones básicas sobre las tareas asignadas genera una acusada sensación de indefensión. La pérdida de control sobre la propia actividad diaria mina la autoeficacia y la motivación intrínseca.
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Ejemplos cotidianos: La modificación arbitraria de los cuadrantes de turno de un día para otro sin consulta previa; o el desempeño en atención al cliente bajo guiones rígidos que impiden adaptar la respuesta a las necesidades reales del usuario.
3. Clima relacional y estilos de liderazgo deficientes
La calidad de las interacciones humanas en la organización influye de forma directa en la salud mental. Entornos caracterizados por la fiscalización obsesiva o la falta de cohesión privan al profesional del sentimiento de seguridad psicológica indispensable para rendir sin ansiedad.
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Liderazgo autoritario o hipervigilante: Basado en la penalización o la desconfianza. Ejemplo: Un supervisor que reprende públicamente a un empleado por un error menor, o la exigencia de incluir en copia a la dirección en cada correo enviado.
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Aislamiento y falta de apoyo social: Ausencia de canales de comunicación o dinámicas de exclusión dentro del grupo. Ejemplo: La incorporación a un equipo donde se omite compartir la información del proyecto, o la celebración de reuniones de reparto de tareas a las que se excluye deliberadamente a un integrante.
4. Ambigüedad y conflicto de rol
La incertidumbre sobre las propias responsabilidades o la recepción de órdenes contradictorias sitúan al trabajador en un estado de alerta permanente por miedo a equivocarse.
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Ambigüedad de rol: Ocurre cuando no existen límites claros ni objetivos definidos para el puesto de trabajo que se ocupa. Ejemplo: Incorporarse a un puesto sin que la empresa especifique cuáles son las funciones ni las metas esperadas.
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Conflicto de rol: Surge cuando atender una instrucción implica necesariamente desobedecer otra. Ejemplo: Recibir la orden de un mando intermedio para agilizar las visitas de clientes y, simultáneamente, la directriz de la dirección de dedicar al menos 20 minutos a cada usuario.
5. Inseguridad e inestabilidad laboral
La percepción continuada de vulnerabilidad respecto a la continuidad del puesto de trabajo actúa como un estresor crónico de alta intensidad, activando mecanismos defensivos vinculados a la supervivencia profesional.
Por ejemplo, el manejo del personal mediante contratos temporales encadenados mes a mes durante años; o la propagación de rumores sobre reestructuraciones de plantilla sin comunicación oficial por parte de la empresa.
6. Dificultad para la conciliación y frontera digital
La digitalización y la conectividad permanente han diluido los límites entre el espacio laboral y la vida privada. La incapacidad para desconectar mantiene el foco de atención en el trabajo durante los periodos de descanso, erosionando el equilibrio personal y familiar.
Por ejemplo, el envío de mensajes o llamadas de trabajo a través de grupos de Whatsapp durante el fin de semana; o la presión implícita para responder correos electrónicos a altas horas de la noche por temor a proyectar falta de compromiso.
¿Cómo saber si tu nivel de estrés laboral requiere ayuda profesional?
El estrés laboral rara vez se manifiesta de la noche a la mañana como una crisis aguda. Lo más habitual es que se instale de forma gradual, erosionando silenciosamente el bienestar físico y psicológico del trabajador. Durante las primeras etapas, la persona tiende a normalizar estados de tensión constante, justificándolos como «exigencias puntuales del puesto» o «momentos concretos de mucho volumen de trabajo».
Sin embargo, cuando la presión no va acompañada de periodos adecuados de descanso y recuperación, el organismo agota sus reservas de adaptación. Identificar a tiempo el tránsito del eustrés (estrés adaptativo) al distrés (estrés nocivo) es determinante para prevenir cuadros clínicos más complejos, como el síndrome de agotamiento profesional (burnout) o trastornos de ansiedad secundarios.
Criterios de autoevaluación: ¿Cuándo ha llegado el momento de acudir a terapia?
Para determinar si la situación requiere intervención psicológica especializada, no es necesario esperar a que se produzca una baja médica o un estado de agotamiento. Te recomendamos valorar los siguientes tres criterios clínicos:
- Mantenimiento en el tiempo (más de un mes): Experimentas de forma continua señales de sobrecarga laboral en varias áreas a la vez. Por ejemplo, problemas para desconectar o concentrarte, irritabilidad o angustia, malestar digestivo o insomnio…Durante más de cuatro semanas seguidas. Un pico de trabajo dura unos días; si la saturación no remite tras un mes, el estrés se ha vuelto crónico.
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El estrés interfiere en tu vida personal y laboral: El malestar derivado del trabajo ha empezado a afectar de manera directa a tu vida familiar, a tus relaciones personales, a tu salud física o a tu rendimiento en la empresa.
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Lo que intentas ya no funciona: Has intentado gestionar el estrés por tus propios medios (descansos, ejercicio, organización del tiempo), pero sientes que la respuesta de tensión se reactiva automáticamente al reincorporarte a tu puesto.
Si te identificas con este escenario, el estrés ha dejado de ser una reacción temporal para convertirse en una dinámica de desgaste. En este punto, iniciar un proceso terapéutico con profesionales especializados permite frenar el deterioro, identificar las variables de riesgo y dotarte de herramientas eficaces de regulación y afrontamiento.
Tratamiento del estrés laboral en Bilbao con Psicólogos Aldama

Cuando el trabajo se convierte en una fuente constante de tensión, apoyarse en ayuda profesional permite cortar el ciclo de desgaste antes de que vaya a más.
En nuestro centro de Psicólogos Aldama trabajamos con profesionales que necesitan recuperar el control frente al estrés laboral en Bilbao. En consulta nos enfocamos en aspectos prácticos como:
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Cortar la rumiación mental y frenar los problemas de insomnio o tensión física.
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Establecer límites claros con superiores y compañeros (comunicación, gestión de tareas y desconexión fuera de horario).
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Manejar el perfeccionismo, la culpa y la tendencia a asumir más responsabilidad de la asumible.
Si buscas un psicólogo en Bilbao para gestionar el estrés laboral, puedes ponerte en contacto con el equipo de Psicólogos Aldama para valorar tu caso y empezar a aplicar cambios desde las primeras sesiones.




