El Impacto del Trauma Infantil en la Salud del Adulto: Evidencias del Estudio NESDA
Hoy en día, existe un elevado consenso entre los especialistas: una de las causas que más frecuentemente subyacen al sufrimiento psicológico en adultos es el trauma infantil vinculado a situaciones de maltrato. Lejos de quedarse en el pasado, el maltrato durante la niñez se ha consolidado como el principal factor de riesgo para desarrollar problemas de ansiedad y depresión al llegar a la edad adulta.
De hecho, la evidencia científica actual estima que uno de cada tres trastornos mentales diagnosticados en adultos tiene su origen directo en vivencias traumáticas tempranas (Sedlak y Ellis, 2014). Este impacto se traduce en una variedad de problemas psicológicos que afectan profundamente la calidad de vida de quienes sufrieron maltrato en su infancia:
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Problemas de memoria y sueño: Dificultad para concentrarse, procesar información y mantener un descanso reparador.
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Salud emocional: Una mayor probabilidad de sufrir depresión severa o cuadros de ansiedad frecuentes.
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Vulnerabilidad general: Un aumento en el riesgo de pensamientos suicidas y una mayor tendencia a enfrentar situaciones negativas a lo largo de la vida.
¿Qué es el maltrato infantil según la OMS?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el maltrato infantil abarca cualquier forma de abuso o abandono de un menor de 18 años. Esto incluye no solo el daño físico o el abuso sexual, sino también la falta de afecto (maltrato emocional), la negligencia en los cuidados y cualquier explotación que dañe la dignidad o el desarrollo del niño, especialmente cuando ocurre a manos de personas en quienes el menor debería confiar.
La huella biológica: ¿Por qué el trauma no se borra?
¿Por qué estas experiencias dejan una marca tan persistente? La respuesta está en nuestro propio cuerpo. Gracias al estudio NESDA (una investigación referente en los Países Bajos con casi 3.000 participantes), hoy sabemos que el trauma no es solo un recuerdo: es un mecanismo biológico y psicológico que permanece «vivo» en el organismo del adulto, alterando su forma de reaccionar ante el mundo.
1. Anatomía del cerebro bajo trauma psicológico
La primera de las aportaciones que encontramos en el estudio NESDA es cómo el impacto del trauma temprano se traduce en cambios en la estructura y en las funciones de nuestro cerebro. La investigación neurocientífica ha demostrado que cualquier forma de maltrato psicológico durante periodos sensibles del desarrollo puede alterar de forma permanente los sistemas de respuesta a la amenaza.
A continuación, analizamos los dos componentes fundamentales de este circuito:
- La Amígdala y el sistema de alarma: La amígdala es el radar de peligros del cerebro. En adultos con historia de trauma psicológico, esta estructura se vuelve hiperreactiva. Es como tener una alarma de humos tan sensible que se dispara no solo ante un incendio, sino ante el simple calor de una vela. Esto explica la hipervigilancia: esa sensación de estar siempre esperando que algo malo suceda.
- El Hipocampo y la gestión del estrés: El hipocampo es vital para situar los recuerdos en el tiempo y «frenar» la respuesta de estrés. El estrés crónico temprano libera niveles tóxicos de cortisol que pueden reducir el volumen de esta área. Por ello, el adulto con trauma tiene dificultades para diferenciar un peligro pasado de una situación presente, viviendo en un «eterno ahora» de ansiedad.
2. La biología de la inflamación y el envejecimiento celular
Otro de los aportes más reveladores del estudio NESDA señala los cambios que se producen en el sistema inmune y en el envejecimiento de las células debido al trauma psicológico infantil.
Los hallazgos del estudio subrayan dos mecanismos críticos que explican la vulnerabilidad física del adulto traumatizado:
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Inflamación sistémica: Los participantes del estudio con traumas severos mostraron niveles más altos de proteína C reactiva y citocinas proinflamatorias. El cuerpo, al sentirse atacado durante la infancia, mantiene una respuesta inflamatoria de bajo grado de forma permanente.
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Envejecimiento celular (Telómeros): El estudio vincula el maltrato temprano con un acortamiento prematuro de los telómeros. Esto sugiere que el estrés psicológico en la infancia acelera el desgaste biológico a nivel celular, aumentando el riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares en la madurez.
El trauma como arquitecto de la personalidad adulta

Por último, el estudio NESDA señala evidencia de que el trauma psicológico actúa como un arquitecto de la personalidad adulta. La investigación no solo confirma que el trauma correlaciona con ciertos rasgos, sino que estos rasgos son los mediadores que explican por qué la depresión se vuelve crónica.
El modelo de los «Cinco Grandes» bajo la lupa del trauma
El estudio utilizó el modelo de personalidad de los Five Factor Model (FFM) y descubrió patrones consistentes en personas con antecedentes de maltrato infantil:
- Inestabilidad emocional: Es el rasgo más fuertemente vinculado al trauma. Concretamente, los datos indican que el abuso y la negligencia emocional elevan los niveles de neuroticismo de forma permanente. Biológicamente, esto se traduce en una dificultad para regresar al estado de calma tras un estresor. El paciente no es «dramático»; su sistema nervioso tiene un umbral de tolerancia al estrés mucho más bajo debido a las experiencias de su infancia.
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Baja Extroversión: Especialmente vinculada a la negligencia emocional. NESDA sugiere que cuando un niño no recibe respuesta a sus necesidades afectivas, aprende que interactuar con el entorno no reporta beneficios o es decepcionante. Como adulto, esto se manifiesta en una tendencia al aislamiento social y una baja capacidad para experimentar emociones positivas (anhedonia).
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Baja Amabilidad y Responsabilidad: En casos de trauma severo, se observa una disminución en estos rasgos, lo que a menudo refleja una actitud defensiva o de desconfianza hacia los demás como método de protección preventiva.
El papel de las asociaciones (El autoconcepto implícito)
El estudio NESDA introdujo una técnica innovadora: el Test de Asociación Implícita (IAT). Los resultados mostraron que las personas con trauma infantil tienen asociaciones automáticas negativas sobre sí mismas que ocurren en milisegundos, mucho antes de que el pensamiento consciente pueda intervenir.
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Incluso cuando un paciente intenta racionalizar y decir «yo tengo valor», su cerebro implícito asocia rápidamente el «Yo» con conceptos como «Incompetente» o «Malo».
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Estas asociaciones son más fuertes en quienes sufrieron abuso emocional, lo que demuestra que las palabras hirientes de los cuidadores se convierten en la «voz interna» biológica del adulto.
Mecanismos de defensa: La rumiación como refugio fallido
El documento destaca la rumiación no como un defecto cognitivo, sino como un mecanismo de defensa desadaptativo.
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¿Por qué ocurre? El cerebro intenta «procesar» el trauma pasado repasándolo una y otra vez para encontrar una solución que nunca encuentra.
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El hallazgo de NESDA: La rumiación media la relación entre el trauma y la cronicidad de la enfermedad. Es decir, el trauma por sí solo es dañino, pero es el hábito de rumiar (fomentado por la falta de apoyo en la infancia) lo que impide que la depresión remita.
Esquemas Cognitivos Tempranos
Finalmente, la investigación vincula el trauma con la formación de «esquemas» o lentes a través de los cuales se filtra la realidad. Los más prevalentes según el estudio son:
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Desconexión y rechazo: La creencia de que las necesidades de apoyo, seguridad y empatía no serán satisfechas.
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Autonomía y desempeño deteriorados: La sensación de que uno es incapaz de manejar las responsabilidades diarias sin ayuda.
Errores comunes en el tratamiento del trauma temprano

La ciencia del estudio NESDA es clara: el trauma no es algo que se «supere» simplemente con el paso del tiempo. Sin embargo, en nuestra cultura y en ciertos enfoques terapéuticos, persisten ideas erróneas que cronifican el malestar.
Minimizar la negligencia emocional
Uno de los errores más extendidos es la jerarquización del dolor. Muchos adultos minimizan su historia personal porque «no hubo golpes». No obstante, el estudio NESDA otorga una relevancia clínica crucial a la negligencia emocional.
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El error: Creer que lo que no pasó (no recibir consuelo, no ser validado) es menos dañino que lo que sí pasó (un acto violento).
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La realidad científica: La falta de calidez y apoyo emocional es el predictor más fuerte de una depresión difícil de tratar. Ignorar esta carencia impide que la terapia aborde el núcleo de la inseguridad biológica del paciente.
Tratar solo el síntoma
Muchos protocolos estándar se centran en eliminar la ansiedad o el bajo estado de ánimo hoy, sin mirar hacia atrás. NESDA demuestra que esto es un error estratégico:
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Respuesta al tratamiento: Los datos del estudio muestran que los pacientes con trauma infantil tienen una respuesta significativamente más pobre a los tratamientos convencionales (tanto fármacos como terapia cognitivo-conductual estándar) si no se integra el trabajo con el trauma.
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El error: Enfocarse solo en «corregir pensamientos negativos» sin entender que esos pensamientos son subproductos de un sistema nervioso que se siente en peligro desde la niñez.
El estigma de falta de resiliencia
A menudo, el paciente se culpa por sus recaídas, sintiendo que «no se esfuerza lo suficiente». Este es un error de interpretación que el estudio NESDA ayuda a desmentir:
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La cronicidad como marcador biológico: El estudio asocia el trauma con una mayor frecuencia de episodios y una menor tasa de remisión. Esto no es falta de voluntad; es el resultado de tener una amígdala hipersensible y niveles de cortisol desregulados.
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El error: Pensar que la recuperación depende únicamente de la disciplina mental, ignorando que el cuerpo necesita una «recodificación» de sus señales de seguridad.
El dualismo mente-cuerpo
Separar el malestar psicológico del estado físico es un error común que NESDA rebate con datos sobre la inflamación sistémica.
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La conexión biológica: Muchos pacientes tratan sus dolores crónicos, fatiga o problemas digestivos como temas ajenos a su historia de trauma. NESDA vincula directamente el maltrato temprano con un sistema inmune hiperactivo (niveles altos de proteína C reactiva).
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El error: No entender que sanar el trauma infantil requiere un enfoque que incluya la salud del cuerpo (sueño, nutrición, ejercicio), ya que el trauma es, en última instancia, una carga biológica.
Opinión experta: Hacia una terapia informada por la neurobiología
Históricamente, la psiquiatría y la psicología han tratado la depresión y la ansiedad como desajustes químicos o cognitivos que ocurren en el presente. El estudio NESDA rompe este esquema al demostrar que, para un porcentaje altísimo de pacientes, el trastorno actual es en realidad la manifestación tardía de una adaptación biológica temprana.
De la etiqueta diagnóstica a la «biografía biológica»
El cambio más disruptivo que propone la evidencia de NESDA es dejar de centrarse en el qué (¿Qué síntomas tienes?) para priorizar el cuándo y el cómo (¿Cuándo se configuró tu sistema de alerta?).
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Tratamientos a medida: El estudio revela que las personas con trauma psicológico en la infancia tienen una trayectoria de enfermedad distinta. Presentan síntomas más graves, un inicio más temprano y, crucialmente, una respuesta alterada a los antidepresivos y a la terapia psicológica clásica.
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Implicación clínica: Esto nos indica que no podemos aplicar el mismo protocolo a una persona cuya depresión surge por un evento estresante reciente que a alguien cuyo sistema nervioso se moldeó bajo la negligencia emocional infantil.
El fin del «dualismo» mente-cuerpo
El estudio demuestra que el trauma infantil correlaciona con niveles elevados de cortisol y una amígdala hiperreactiva de forma persistente. Esto significa que la psicoterapia del futuro debe ser informada por la neurobiología.
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Opinión experta: No basta con que el paciente «entienda» intelectualmente su pasado. El cambio real ocurre cuando el tratamiento logra que el cuerpo sienta que el peligro ha terminado. Técnicas que trabajen con la experiencia somática y la regulación del sistema nervioso autónomo son, según la tendencia que marca NESDA, las más prometedoras para romper la cronicidad.
Tu pasado no tiene por qué ser tu destino. Especialistas en Trauma y Biología del Estrés en Bilbao

Lo que más valoramos en Psicólogos Aldama sobre el estudio NESDA es que ofrece al paciente una validación científica de su sufrimiento. Saber que su falta de energía, su irritabilidad o su ansiedad persistente tienen un correlato en sus niveles de inflamación o en la estructura de su cerebro, elimina el estigma y la culpa.
El paradigma está cambiando: ya no tratamos «enfermos mentales», tratamos a supervivientes con sistemas biológicos adaptados. Y una vez que entendemos la adaptación, podemos trabajar en la desadaptación para que la persona pueda, por fin, vivir en el presente.
¿Siente que su tratamiento actual no llega al fondo del problema? En Psicólogos Aldama, como Especialistas en Trauma y Biología del Estrés en Bilbao, estamos en constante formación lo que nos permite diseñar un plan de recuperación que respete la historia de nuestros pacientes. La ciencia nos dice que el cambio es posible; nosotros podemos ayudarte a recorrer el camino.
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