¿Alguna vez te has preguntado por qué te cuesta tanto confiar en los demás? ¿O por qué sientes la necesidad de controlar cada aspecto de tus relaciones? La respuesta podría estar en la herida de la traición, un dolor emocional que a menudo se origina en la infancia. Cuando un niño experimenta la decepción constante por parte de sus figuras de referencia, esta herida se forma y deja una profunda cicatriz que se proyecta en la vida adulta.
Esta herida no solo afecta la manera en que te relacionas contigo mismo, sino que también crea patrones de comportamiento que dañan tus vínculos personales, de pareja y profesionales. En los siguientes apartados, exploraremos qué es la herida de la traición, cómo se manifiesta en tu día a día a través de la máscara del controlador y por qué es fundamental reconocerla para sanar y construir relaciones más auténticas y saludables.
A continuación, se presentan algunos artículos que podrían ser de tu interés, relacionados con el trauma psicológico y las heridas emocionales que hemos abordado en nuestro blog de psicología:
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¿Qué es la Herida de la Traición y cuál es su origen?
Esta herida emocional tiene su origen en la decepción infantil causada por las figuras de referencia. Surge cuando los padres no cumplen sus promesas, mienten o demuestran falta de compromiso de manera constante. Como resultado, el niño llega a verlos como personas en las que no se puede confiar. Personas a las que necesito, pero con las que no puedo contar. Por ejemplo, imaginemos a una niña que percibe a sus padres como sus confidentes y les cuenta sus preocupaciones y otros aspectos más íntimos. Un día esa niña descubre que sus padres comparten sus confidencias con amigos y familiares.
Un evento así puede causar una herida de traición. Cuando en la infancia se viven este tipo de situaciones, esto genera una constante sensación de engaño y desilusión. Este tipo de situaciones se vinculan directamente con el desarrollo de un apego ambivalente, un patrón en el que se mezclan el miedo al abandono y la desconfianza.
A su vez, la falta reiterada de fiabilidad por parte de una figura parental o de un ser querido, al no cumplir las promesas o romper la confianza depositada en ellos, puede generar una cicatriz emocional que persista en el tiempo. Este trauma, experimentado durante la infancia, no se limita a esa etapa, sino que sus secuelas se manifiestan en la vida adulta, afectando la estabilidad emocional y las relaciones interpersonales del individuo.
Descubre las señales de la herida de traición en adultos y cómo identificarla
La herida de traición impacta directamente en las relaciones interpersonales, ya sea en el ámbito personal, de pareja o en el entorno laboral. Este patrón de comportamiento genera conflictos, desconfianza y un ambiente de tensión constante, ya que la persona busca controlar cada aspecto de su vida y de las interacciones con los demás.
A continuación, detallamos algunas de las características presentes en a una persona que vive con esta herida, explicando el porqué de sus acciones y el impacto que tienen en su entorno.
Proyecta de una imagen de fortaleza e importancia
- Busca constantemente proyectar una imagen de fortaleza, aprovechando su autoridad para imponer sus deseos. En otras palabras, no sabe relacionarse correctamente con su propia vulnerabilidad, lo cual, le lleva a evitar cualquier situación en la que pueda sentirse débil o expuesto.
- Se esfuerza para que lo consideren una persona responsable, creyendo que esta cualidad equivale a ser un líder.
- Valora mucho su reputación, y si la siente amenazada, no duda en tratar de perjudicar la de otros.
- Su principal deseo es que los demás le valoren como alguien especial y relevante para ellos. Por ello, está constantemente buscando reconocimientos y acaparando los focos dentro de cualquier grupo.
Falta de confianza y necesidad de control
- Sus exigencias son muy elevadas para con los demás. Al delegar, impone que todo se haga a su modo y en su tiempo, con el fin de mostrarse superior. Su desconfianza hacia el resto es tal, que necesita supervisar constantemente el trabajo ajeno.
- Le gusta planificarlo todo para tener un control total, y le cuesta aceptar imprevistos. No soporta que sus planes sean alterados.
- Se considera una pieza clave en cualquier situación, y piensa que nadie más podría tener éxito sin su ayuda.
Comportamientos manipuladores y de autoprotección
- Le resulta difícil confiar en los demás, lo cual, le lleva a evitar que le conozcan de manera más íntima. Especialmente, suele sentir una desconfianza hacia el sexo opuesto, por miedo a que se aprovechen de él. Debido a esto, se abstiene de mostrar sus puntos débiles o errores.
- Esta persona es experta en la manipulación, especialmente en sus vínculos románticos, aunque no reconoce que, en realidad, está buscando constantemente validación y afecto. Con ese fin, utiliza una amplia gama de tácticas de control, que van desde el chantaje emocional y los cambios de humor, hasta las amenazas o, incluso, la violencia.
- Miente con facilidad para evitar situaciones complicadas, pero no tolera que le mientan. Su molestia no radica en el motivo de la mentira, sino en el acto de mentir en sí mismo.
- Se deja deslumbrar con facilidad por personas adineradas o célebres, depositando en ellas su confianza sin dudar.
Actitudes hacia las relaciones y la autonomía
- Es propenso a guardar resentimiento y puede finalizar una relación bruscamente, sin dar explicaciones, negándose a volver a contactar con la otra persona por un tiempo considerable.
- Busca proyectar una imagen de independencia para evitar su miedo al abandono y muestra un desprecio hacia quienes considera que no son autosuficientes.
La máscara del controlador y sus consecuencias en las relaciones
La herida de traición es un dolor emocional que se manifiesta en la adultez a través de la máscara del controlador. Este mecanismo de defensa lleva a la persona a desarrollar creencias disfuncionales sobre la fidelidad y la lealtad, impulsándola a ejercer un control constante sobre su entorno y sus relaciones interpersonales. Aunque aparentan ser seguros y fuertes, en su interior existe una gran inseguridad. Su humor es inestable y sus acciones son difíciles de predecir, lo cual, les repercute en su bienestar y en las relaciones con el resto.
Por ejemplo, imagina una pareja en la que uno de los miembros tiene problemas para confiar en el otro como consecuencia de la herida de traición. Esto le lleva a necesitar saber en todo momento dónde está y con quién. Cuando su pareja no le responde a un mensaje con rapidez, hay una reacción de enfado y preocupación muy invasiva.
Este comportamiento no es un reflejo de una desconfianza justificada, lo que en realidad está sucediendo es que la máscara del controlador surge por el temor a la traición y el abandono de la pareja. Estas formas de control son un intento de mitigar el temor a ser engañados y abandonados.
Este tipo de situaciones pueden provocar enfados y desgaste en las relaciones. A su vez, estas dinámicas de control llevan a unos patrones tóxicos que dañan la salud de la relación, haciéndola perjudicial para el bienestar de los miembros de la pareja.
Terapia para sanar el trauma de las heridas de la infancia
En Psicólogos Aldama te acompañamos a sanar la herida del trauma psicológico

Durante la infancia, carecemos de los recursos personales necesarios para afrontar de forma eficaz las situaciones en las que nuestras figuras de referencia actúan de manera inadecuada y recurrente. Ante estas circunstancias adversas, nuestro cerebro activa mecanismos de defensa con el objetivo de mantener un equilibrio y proteger nuestro bienestar.
Aunque estos mecanismos cumplen una función protectora en ese momento, a menudo, no evitan que se genere un daño psicológico que se manifiesta en la edad adulta como una herida emocional. Además, al llegar a la vida adulta, estos mismos mecanismos de defensa persisten, a pesar de que las circunstancias originales ya no están presentes. Este uso continuado e innecesario puede tener consecuencias significativas tanto para la persona como para su entorno.
En Psicólogos Aldama entendemos el trauma psicológico como el impacto profundo que ciertas experiencias de vida tienen en una persona. Una vez que se ha producido, este trauma puede acompañar a la persona a lo largo de su vida. Al ser un suceso involuntario e inesperado, su superación requiere un trabajo interno para que la persona pueda restablecer su bienestar físico, mental y social.
Nuestro objetivo es acompañarte en este proceso para que puedas:
- Comprender lo que te ocurre y el origen de tus dificultades.
- Adquirir herramientas para manejar el presente sin el sufrimiento que te genera esa herida.
- Mantener los resultados de la terapia a largo plazo, para que logres un bienestar duradero y estable.
Bibliografía
Cervera-Pérez, I. M., López-Soler, C., Alcántara-López, M., Castro Sáez, M., Fernández-Fernández, V., y Martínez-Pérez, A. (2020).
Consecuencias del maltrato crónico intrafamiliar en la infancia: trauma del desarrollo. Papeles del Psicólogo, 41(3), 219-227. https://doi.
org/10.23923/pap.psicol2020.2934
Bourbeau, L. (2011). Las 5 heridas que impiden ser uno mismo. Ediciones Obelisco.



